Es de esas historias que gustan. Por el tesón, esfuerzo y por perseguir los sueños. El malagueño José Luis Gross se hacía en Marbella Golf & Country Club con el tercer Gecko Tour de la temporada, uno de los circuitos de invierno más importantes de Europa, y que se celebra en diferentes campos de golf de la Costa del Sol.
 
Tras ganar en una jornada infernal desde el punto de vista climatológico, posó con su cheque, atendió a los periodistas, comió algo y condujo de vuelta a Malaga, para trabajar en la conocida clínica Gross Dentistas.
 
José Luis Gross era todo felicidad y orgullo. Firmó una magnífica vuelta de 67 golpes, para imponerse a jugadores de la talla de Anders Kristiansen, Clarke Lutton o el chileno Mark Tullo, ganador de torneos en el Challenge Tour.
 
Pero si hay algo que llama la atención, es su curiosa historia. Es la demostración de que los sueños, si crees en ellos y luchas, se pueden hacer realidad. Desde niño se enganchó al golf y consiguió un nivel extraordinario. Con 19 años llegó a ser hándicap 0,6, coincidiendo en su formación con otros jugadores malagueños de la talla de Pablo Martín Benavides, Azahara Muñoz o Gonzalo Gancedo, por citar sólo a algunos. Sin embargo, llegó el momento de tomar una decisión. “Ni estudiaba ni jugaba al golf lo suficiente como para ser profesional y en Málaga entonces compaginar ambas cosas era imposible. Así que decidí que me iba a estudiar. Colgué los palos y dejé de jugar durante doce años. Hace cinco lo retomé, me volví a enganchar y decidí que si llegaba a hándicap +1 me hacía profesional. Lo conseguí y me pasé a pro hace año y medio. En mi familia hubo más coñas que otra cosa, pensaban que esto no iba en serio y que no lo iba a conseguir. Siempre que decía que me iba al golf a trabajar había cachondeo. Eso sí, salvo mi hijo César, que tiene cinco años y siempre me dice que soy el mejor y que voy a ganar. Es el mejor motivador que tengo”, asegura entre risas.
 
A sus 37 años, José Luis ha hecho buenos en un sólo día varios de los refranes castellanos más castizos: el que la sigue la consigue y nunca es tarde si la dicha es buena. Lo cierto es que él siempre se vio con opciones de ganar. Sabía que algo así podía ocurrir. “En el grupo de whatsapp que tenemos con la familia y algunos amigos ya puse hace unos días que ganaba en el Gecko antes de 2017. Y aquí está. Estoy contentísimo. Soy de los que piensa que si te planteas algo y vas a por ello lo puedes conseguir. Pero tienes que estar convencido. Con ilusión se puede hacer todo”, señala.
 
El sueño de Gross no termina aquí, ni mucho menos. La victoria en el Gecko es sólo un escalón más. Ahora va a jugar la Escuela del Alps Tour y en el horizonte tiene el Senior Tour como gran reto y colofón. “Creo que sería algo muy bonito para cuando tenga 50 años. Me apetece mucho y voy a por ello. No habría ganado en el Gecko si no hubiera decidido que iba a por ello. Sé que no es fácil. Es duro porque aquí todo el mundo juega muy bien, pero yo lo voy a intentar. Hasta me he metido en pilates para mejorar mi condición física”, bromea.
 
Gross ha ganado el torneo con autoridad, aunque si tuviera que elegir un momento clave, tiene claro que fue el hoyo 7 (acabó por el 9). “Fallé la salida con el hierro 5, después pegué otro hierro 5 y casi la meto en unas matas y desde una cuesta he sacado un approach y putt milagroso. Ahí he visto que podía ganar e incluso he empezado a pensar lo que iba a decir cuando me preguntaran los periodistas… Hasta que me he parado y he dicho, José Luis, a lo tuyo, que esto aún no está ganado”. Ahora sí. Lo puede decir alto y claro. Los sueños se hacen realidad.

Fuente e imagen: Gecko Tour

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